La tarde del 13 de marzo, la Catedral de Málaga se convirtió en un espacio de recogimiento y emoción con la interpretación del Miserere del compositor malagueño Eduardo Ocón Rivas. A las 19:30 horas, y con el templo prácticamente lleno, el público asistió a uno de los actos más significativos del ciclo cuaresmal de la ciudad.
El concierto, de entrada libre hasta completar aforo, reunió sobre el altar a la Orquesta Sinfónica de Málaga y al Coro de Ópera de Málaga, bajo la dirección de Pablo Guzmán Palma, ofreciendo una versión intensa y cuidada de esta obra sacra.
Desde los primeros compases, la música desplegó una atmósfera profundamente espiritual. El Miserere, basado en el salmo penitencial por excelencia, resonó en las altas bóvedas del templo, potenciando su carácter dramático y contemplativo. La combinación de coro y orquesta logró un equilibrio que permitió al público sumergirse en una experiencia casi litúrgica, donde arte y fe se entrelazaron con naturalidad.
La elección de esta obra no es casual. El Miserere de Ocón, compuesto en el siglo XIX y estrechamente vinculado a la tradición musical de la catedral, forma parte del patrimonio cultural y religioso de Málaga. Su interpretación en este enclave refuerza una tradición que la ciudad busca consolidar como cita anual dentro de la programación de Cuaresma.
El público, respetuoso y atento, respondió con un prolongado aplauso final que rompió el silencio solemne mantenido durante toda la interpretación. Más que un simple concierto, la velada se vivió como un acto de comunión colectiva, en el que la música sacra recuperó su función original: emocionar, invitar a la reflexión y preparar el espíritu para la Semana Santa.
Así, la Catedral volvió a erigirse no solo como monumento histórico, sino como escenario vivo de la cultura y la tradición malagueña, donde el legado de Eduardo Ocón sigue resonando con fuerza más de un siglo después.